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Cambiar de opinión, un claro signo de inteligencia

Cambiar de opinión es un claro signo de inteligencia

Por Jazmín Nuñez

- 02 de Diciembre de 2021 - 11:57 hs
Cambiar de opinión, un claro signo de inteligencia

Cambiar de opinión, un claro signo de inteligencia (pexels.com)

A todo aquel con la suficiente flexibilidad mental como para cambiar de opinión ante la información nueva se le considera inteligente, usarla de manera innovadora y resolver con ella problemas desafiantes.

Sin lugar a dudas, el cambiar de opinión es un signo de inteligencia y una práctica que deberíamos llevar a cabo de manera más habitual. Sin embargo, hay quien piensa que hacerlo revela falta de convicción e incluso de carácter. De nada sirve que las evidencias pongan en duda las afirmaciones que uno defiende, lo importante es proteger el orgullo, lo decisivo es no rebajarse para admitir el error.

Se nos sugiere algo muy concreto por los expertos en inteligencia humana y creatividad. Cuando nos despertemos por la mañana, planteémonos qué idea, enfoque o creencia vamos a cambiar hoy. Porque hacerlo es un ejercicio de flexibilidad mental que nos permitirá ganar en sabiduría, apertura cognitiva y también en felicidad.

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Es indispensable mantener el flujo de la vida constante, esto implica y requiere cambios y movimiento, al igual que nuestra mente. Así, quien no se permita cambiar alguna de sus ideas de vez en cuando acabará dando veracidad a hechos falsos. Tampoco será capaz de manejar la incertidumbre y no rectificará jamás sus equivocaciones. Y, como bien sabemos, resulta muy complicado convivir con alguien con dicho talante.

Cambiar de opinión, un claro signo de inteligencia (pexels.com)

La inteligencia no se limita y va mucho más allá de ser un genio de la física cuántica o tener dos doctorados en matemáticasLa mente brillante es una mente flexible.

Es limitada la cantidad de cosas resultan más cómodas que defender la misma verdad que comparten nuestros amigos, pareja, compañeros de trabajo, familia… Tener en común unas mismas creencias, ideologías y actitudes que nuestro grupo de referencia nos ofrece satisfacción y cohesión.

La explicación al respecto se encuentra en que nuestro entorno se puede sentir desafiado y, sobre todo, extrañado. Cambiar de opinión es algo que no todos entienden o respetan y esto se vive a menudo con contradicción.

Muchas veces se nos prefiere con nuestras ideas focalizadas, enrocados en los enfoques de siempre y siendo previsibles. Coherentes con lo mismo que defienden los demás. No obstante, nadie es una veleta, un falso, un vendido o menos honesto si de pronto defiende una idea que antes negaba. Estar abierto a otros enfoques y reconocer su utilidad es un signo ineludible de sabiduría.

Cambiar de opinión es un indiscutible signo de inteligencia, pero muchos piensan que hacerlo les resta autoridad. Claudicar en sus verdades o admitir errores se vive como un acto de falibilidad. Mantenerse firmes en sus posturas iniciales es para algunos una muestra de poder y convicción. Sin embargo, los auténticos líderes o las personas altamente exitosas ya tienen claro que los fanfarrones no llegan lejos. Solo quien se permite ser flexible y cambiar de perspectiva de vez en cuando revela auténtica brillantez.

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Cambiar de opinión, un claro signo de inteligencia (pexels.com)
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